20 de agosto de 2026

Qué es el coleccionismo phygital: cuando lo físico y lo digital se unen

Qué es el coleccionismo phygital y cómo NFC, certificados digitales, blockchain y galerías 3D conectan objetos físicos con nuevas experiencias digitales.

Qué es el coleccionismo phygital: cuando lo físico y lo digital se unen

Una pieza de colección siempre ha tenido una dimensión física: se encuentra, se compra, se conserva, se expone y, en ocasiones, pasa de una persona a otra. Sin embargo, la tecnología permite añadir ahora una segunda capa alrededor del objeto: información digital, certificados verificables, experiencias 3D, registros de actividad o contenidos accesibles desde un teléfono.

De esa unión entre el mundo físico y el digital surge el concepto phygital, una combinación de physical y digital. No significa sustituir el objeto por una versión virtual. Al contrario, la pieza física sigue siendo el centro de la experiencia, mientras que la tecnología amplía las formas de documentarla, mostrarla, verificar información asociada o interactuar con ella.

Para el coleccionismo, esta combinación abre posibilidades especialmente interesantes porque permite mantener el valor emocional y material de los objetos mientras se incorporan herramientas que hasta hace pocos años pertenecían únicamente al mundo digital.

Qué significa phygital

El término phygital describe experiencias en las que un elemento físico y uno digital están conectados de forma que ambos forman parte de una misma interacción.

Un ejemplo sencillo es una etiqueta NFC colocada junto a una pieza que, al acercar un teléfono, permite consultar información relacionada con ella. El objeto continúa siendo físico, pero dispone de una puerta de acceso a contenido digital.

En coleccionismo, esa capa puede utilizarse de muchas maneras: mostrar fotografías y documentación, acceder a un certificado, registrar determinada información, presentar una colección en un entorno 3D o incluso guardar resultados relacionados con videojuegos que originalmente no disponían de memoria.

Lo importante es que la tecnología no necesita convertirse en protagonista. Su función puede ser simplemente añadir contexto y nuevas posibilidades alrededor de algo que ya existe en el mundo real.

Del objeto físico a la identidad digital

Una pieza de colección puede acumular mucha información a lo largo de su vida: fotografías, características, estado de conservación, documentos, propietario, restauraciones, exposiciones o transferencias.

Tradicionalmente, esa información se guarda en carpetas, facturas, correos electrónicos o bases de datos independientes. Una identidad digital permite organizar parte de esos datos alrededor de una referencia vinculada al objeto.

Esto no significa que una base de datos o una blockchain puedan determinar por sí mismas si una obra de arte, un videojuego o una pieza histórica son auténticos. La autenticidad física continúa dependiendo de factores como la procedencia, el análisis del objeto y, cuando sea necesario, la valoración de especialistas.

La utilidad de la identidad digital está en conservar, relacionar y consultar información asociada a la pieza.

Un certificado digital para obras de arte, por ejemplo, puede incluir fotografías, información descriptiva o una huella criptográfica que permita comprobar posteriormente si determinados datos coinciden con los registrados originalmente.

NFC: un puente entre la pieza y su información

Una de las tecnologías más sencillas para conectar ambos mundos es NFC.

Una etiqueta NFC puede almacenar o dirigir hacia información digital y puede leerse acercando un teléfono compatible. Esto permite interactuar con una pieza sin necesidad de introducir manualmente direcciones web o buscar documentación.

En determinados usos, etiquetas como NTAG 424 DNA permiten además incorporar mecanismos criptográficos destinados a dificultar la clonación del identificador utilizado para acceder a la información asociada.

El NFC puede utilizarse para consultar certificados, documentación o contenidos vinculados a objetos físicos, pero también permite imaginar usos completamente diferentes.

En videojuegos retro sin memoria interna, por ejemplo, una etiqueta puede funcionar como conexión entre el cartucho físico y un registro digital de puntuaciones o partidas. De esta manera, un juego diseñado décadas antes de los servicios online puede adquirir una pequeña capa digital sin modificar el hardware original.

El cartucho sigue siendo el mismo. Lo que cambia es lo que podemos hacer alrededor de él.

Galerías 3D: colecciones físicas en espacios digitales

Otra posibilidad del coleccionismo phygital consiste en trasladar la forma de mostrar una colección al entorno digital.

Una fotografía permite ver una pieza. Una galería 3D puede aportar además contexto espacial: recorrer una sala, observar diferentes objetos, acercarse a ellos y construir una presentación que se parezca más a visitar una exposición que a desplazarse por una lista de anuncios.

Esto puede resultar especialmente interesante para arte, escultura, objetos singulares o colecciones que tienen valor también por la forma en la que se presentan.

La galería digital no necesita sustituir a la exposición física. Puede actuar como una extensión accesible desde cualquier lugar.

Una persona puede conservar una obra en su casa, mostrarla físicamente en una exposición y disponer simultáneamente de una representación dentro de una sala digital. Son diferentes maneras de relacionarse con el mismo objeto.

En Beriloom las galerías 3D exploran precisamente esta posibilidad de presentar piezas físicas dentro de espacios digitales interactivos.

Certificación, trazabilidad y blockchain

La blockchain añade otra herramienta al ecosistema phygital: la posibilidad de registrar determinadas evidencias de forma verificable.

Una huella criptográfica SHA-256 correspondiente a determinados datos puede registrarse para demostrar que esa información existía en un momento concreto y comprobar posteriormente si ha sido modificada.

También puede utilizarse un contrato inteligente para ejecutar determinadas acciones relacionadas con una compraventa o una transferencia.

Sin embargo, conviene separar claramente el registro digital del objeto físico.

Que exista una evidencia en blockchain no demuestra automáticamente que una pieza sea auténtica, que se encuentre en determinado estado o que toda la información proporcionada sobre ella sea correcta. La tecnología permite reforzar la trazabilidad documental, pero no sustituye el análisis físico ni la documentación de procedencia.

Esta distinción es especialmente importante en coleccionismo: digitalizar información sobre un objeto no convierte esa información en verdad por sí sola.

De poseer una pieza a interactuar con ella

Una de las consecuencias más interesantes del modelo phygital es que amplía lo que significa tener una pieza de colección.

Tradicionalmente, la interacción terminaba muchas veces después de adquirirla: conservarla, contemplarla, utilizarla ocasionalmente y, quizá, venderla años después.

La capa digital permite mantener viva esa relación.

Una obra puede disponer de documentación accesible mediante NFC. Un videojuego puede conservar puntuaciones generadas por sus jugadores. Una colección puede recorrerse dentro de una galería 3D. Una pieza puede mantener un historial documental vinculado a diferentes momentos de su vida.

Esto convierte determinados objetos en puntos de entrada a experiencias que evolucionan con el tiempo.

El valor de una colección continúa estando en las piezas, pero la forma de disfrutarlas puede ser mucho más amplia.

Comunidades alrededor de objetos físicos

Internet transformó el coleccionismo mucho antes de que apareciera el término phygital.

Foros, marketplaces y redes sociales hicieron posible que personas con intereses extremadamente específicos pudieran encontrarse independientemente de su ubicación.

La siguiente evolución puede consistir en conectar esas comunidades directamente con los propios objetos.

Una puntuación registrada desde un videojuego puede compararse con las obtenidas por otros jugadores. Una pieza expuesta digitalmente puede compartirse sin necesidad de transportarla. Un coleccionista puede consultar información asociada a un objeto utilizando el propio objeto como punto de acceso.

El componente social deja entonces de estar separado de la colección y empieza a formar parte de su experiencia.

El coleccionismo phygital en Beriloom

Beriloom explora precisamente esa conexión entre objetos físicos y herramientas digitales.

El marketplace está orientado al coleccionismo, obras de autor y objetos singulares, pero alrededor de las piezas pueden existir diferentes servicios digitales.

Las compraventas pueden realizarse mediante ETH y contratos inteligentes, sin que Beriloom custodie directamente los fondos de los usuarios.

Los certificados digitales pueden vincular determinada información y evidencias a piezas físicas. Las etiquetas NFC pueden facilitar el acceso a esos registros, mientras que las galerías 3D permiten plantear nuevas formas de mostrar colecciones y obras.

Los NFC Records exploran otro enfoque: conectar videojuegos físicos sin memoria con registros digitales de puntuaciones y partidas, manteniendo intacto el juego original.

Son aplicaciones diferentes de una misma idea: utilizar la tecnología para ampliar la experiencia de un objeto real sin sustituirlo.

El objetivo no es que todo tenga una versión digital porque sí. La capa tecnológica tiene sentido cuando aporta alguna utilidad: información, contexto, trazabilidad, exposición, interacción o comunidad.

¿Todo el coleccionismo será phygital?

Probablemente no, ni tendría por qué serlo.

Parte del atractivo de coleccionar está precisamente en lo analógico: encontrar una pieza, sostenerla, examinar sus detalles o conservar un objeto fabricado décadas atrás.

La tecnología resulta más interesante cuando respeta esa experiencia.

Un cartucho de los años ochenta no necesita convertirse en un videojuego moderno. Una escultura no necesita transformarse en un objeto virtual. Y una obra física no necesita desaparecer detrás de su certificado.

El enfoque phygital funciona mejor cuando la parte digital acompaña al objeto en lugar de competir con él.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa phygital?

Phygital combina las palabras inglesas physical y digital. Se utiliza para describir experiencias en las que elementos físicos y digitales están conectados.

En coleccionismo puede aplicarse a objetos vinculados a certificados, NFC, experiencias 3D, registros digitales u otros contenidos.

¿Un objeto phygital es un NFT?

No necesariamente. Un objeto puede disponer de una capa digital sin utilizar NFT.

Una etiqueta NFC, una galería 3D, un certificado digital o un registro de puntuaciones pueden formar parte de una experiencia phygital sin convertir la pieza en un activo digital negociable.

¿El NFC demuestra que una pieza es auténtica?

No por sí solo. El NFC puede facilitar el acceso a información vinculada a una pieza y determinadas tecnologías pueden dificultar la clonación de la etiqueta, pero la autenticidad del objeto depende también de su procedencia, documentación y características físicas.

¿Una galería 3D sustituye a una exposición física?

No. Puede complementarla.

Una sala digital permite mostrar piezas a distancia y crear una experiencia diferente, mientras que contemplar el objeto real continúa ofreciendo información y sensaciones que una representación digital no puede reproducir completamente.

¿Para qué sirve blockchain en el coleccionismo?

Puede utilizarse para registrar evidencias, huellas criptográficas o determinadas operaciones de forma verificable.

También puede intervenir en contratos inteligentes para compraventas o transferencias de titularidad.

El registro blockchain aporta trazabilidad digital, pero no certifica automáticamente las características físicas de una pieza.

El objeto sigue siendo el protagonista

El coleccionismo siempre ha consistido en conservar objetos y las historias que existen alrededor de ellos. La tecnología no tiene por qué cambiar esa esencia.

Puede, sin embargo, darle nuevas herramientas.

Cuando una pieza física puede identificarse, documentarse, mostrarse, compartir información o generar nuevas experiencias digitales, la frontera entre ambos mundos empieza a desaparecer.

Y quizá esa sea una de las evoluciones más interesantes que esperan al coleccionismo en los próximos años.

En Beriloom esa conexión entre objetos físicos y experiencias digitales forma parte de una misma idea: que la tecnología puede ampliar las posibilidades del coleccionismo sin hacer que el objeto físico pierda su protagonismo.